Magda Archeval

Ya llegamos a octubre: mes misionero. Como parte de las actividades queremos conocer un poco más a los hermanos que han dejado todo para entregar su vida a la misión ad gentes. Comenzamos hoy con nuestra hermana Magda Archeval con una ronda de preguntas y respuestas que nos ayudarán a entrar un poco a su corazón. 

 

¿Quién eres?

Me llamo Magdalena S. Archeval Rodríguez, Magda.

¿De qué país eres natural?

Soy puertorriqueña, de un pueblo en la zona sur de la isla que se llama Ponce.

¿Cuántos años de ser misionera?

Llevo unos veinticinco años como misionera en la CMV.

¿Cómo te describes como persona?

Siento que soy silenciosa, serena, segura y feliz de mi elección de vida. Creo ser una persona sencilla, disponible...  

¿A qué te dedicabas antes de ser misionera?

Antes de ser misionera era maestra de inglés de secundaria. Trabajé siempre en escuelas públicas en el área sur del país.

¿Cómo descubriste tu llamado?

De niña siempre fui atraída por los más pobres. Veía una y otra vez programas de las diferentes misiones en el mundo, aun cuando éstas no fueran católicas. Eso no me preocupaba; solo veía al hermano, su dolor y su necesidad, y mi deseo de compartir con ellos lo que era, una hermana.

¿Cómo descubriste el carisma de la CMV?

El carisma lo descubrí primero en mi casa, compartiendo con mi familia, mis hermanos, a través de las enseñanzas de mis padres y mi abuela. "No desperdicies... comparte con tus hermanos... perdona... acoge..."  todo lo que nuestros mayores transmitían. Luego se fue reforzando con la experiencia de verano misionero, hasta encontrar la CMV, taller para refinar y vivir siempre más este don que el Señor nos ha donado. Vivirlo y donarlo con la frescura según me fue donado.

¿En qué países has trabajado en misión?

He trabajado en Italia mis primeros siete años y medio. Luego fui enviada a México, en donde he trabajado durante seis años, y desde el 2004 estoy trabajando aquí en PR.

¿Qué servicio haces en la Comunidad?

En la CMV se hace de todo y se aprende de todo. Normalmente he trabajado con la animación comunitaria y misionera en las diferentes parroquias que lo han solicitado; en retiros y encuentros en colegios y escuelas con temas de mundialidad (sic) u otros, según la necesidad de los alumnos; en retiros de Evangelización de la CMV; algo de traducción, y lo que sea necesario y pueda hacer. Actualmente desempeño una tarea de amor y evangelización especial. Estoy cuidando de mis padres ancianos. Es una experiencia nueva que me está ayudando a fortalecer mi fe y confianza en la voluntad de Dios, a evangelizar sin muchas palabras y con gestos concretos, con atención y delicadeza. Hace apenas un año entregué a mi papá en los brazos del Padre. Continúo la experiencia con mi madre tratando con humildad de transmitir con el ejemplo aquel sentir de gratuidad, de gratitud, de afecto, de humanidad, de respeto por quienes tanto han luchado y hecho por nosotros, de valorizar más a nuestros ancianos, nuestras raíces, en fondo, nuestra historia con todo lo que implica... algo que nuestro pueblo está perdiendo siempre más y por tantos motivos.

¿Cómo es tu relación con la gente en la misión y cómo descubres a Dios allí?

Mi relación con la gente de la misión es muy sencilla, una relación de iguales, de familia, hermana, amiga, discreta y de respeto. En cada uno de ellos veo la presencia de Dios, en sus "muchas formas": el Dios que se entrega por los demás en el trabajo, en la colaboración de tantos hermanos y hermanas; el Dios que sufre por las injusticias, el desamor, la indiferencia que vive nuestra gente, en la agonía que causa el desempleo, con la propia familia, por la violencia...; lo descubro crucificado en los que están atrapados por los vicios, por una vida de apariencia en la que cuenta solo lo material, el bienestar personal...; lo veo niño en la dulzura y libertad de tantos; lo veo triste con el que vive la depresión, que no quiere seguir luchando por la vida; lo descubro resucitado cuando el hermano se levanta de su caída, cuando ama, perdona de corazón; LO VEO allí donde quiera que hay humanidad por que también Él es uno con nosotros.

¿Qué te aporta como misionera y como persona los lugares de misión en que has estado?

Muchísimo. Todos y cada uno de los lugares que he podido visitar me han ayudado a madurar como cristiana, como persona, ayudándome a descubrir que no es tanto el pueblo ni la gente sino Dios, el centro, y es su presencia la que debemos llevar y dejar y captar. Me han ayudado a no hacer diferencias, a ser libre de las personas, de mí misma. He comprendido siempre más el valor de cada pueblo e individuo, a no querer cambiar lo que encuentro sino iluminarlo con la Palabra, con la presencia de Dios, a descubrir que no puedo dar lo que no tengo y que nunca alcanzaré lo que no busco vivir. Aprendo que la misericordia de Dios no tiene límites para conmigo y que yo no debo tener límites en el amor para con mis hermanos. Que apenas inicio el camino como pueblo y con el pueblo, y no desde un pedestal. Me ha ayudado a reconocerme en cada uno de ellos, en lo bueno y en lo malo, en lo fuerte y en lo débil. No sé si por último, pero me ha ayudado a visualizar poquito a poco un rostro más "humano, amoroso y accesible" y no el que me construyo, ni el de los libros.

Con sus padres y sus padrinos de consagración, Alberto y Maribel
Votos definitivos
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