P. Roberto Atzeni e p. Valerio D’Eliseomisioneros de la Comunidad, visitaron Hong Kong, Filipinas y Camboya en vista de una futura presencia de la CMV en Asia.

Primera etapa: Hong Kong

El viaje en el continente asiático, que se realizó de 6 a 24 de enero 2017, nació de la invitación de una pareja de casados chinos que viven en Hong Kong, Christina y Louis. Luego de conocer durante una estadía en Italia la CMV y su carisma misionero, se han esmerado en estos meses para organizar el viaje de algunos misioneros en su tierra con el deseo de ver pronto una presencia de la Comunidad en Asia: “No sabemos si el Señor los quiera en Hong Kong o en otro país asiático- comentan los dos cónyuges- pero pueden contar con nuestro apoyo para favorecer su presencia en nuestro continente. Creemos que una comunidad formada por consagrados y laicos, célibes y parejas, que vive una espiritualidad misionera y de comunión sería un grande don para la gente”.
El viaje ha sido precedido por muchos encuentros de los misioneros con otros miembros de otras realidades misioneras que desde hace muchos años trabajan en Asia. Por ende se eligió visitar a Hong Kong, Filipinas y Camboya, con el deseo de conocer, de establecer algunos contactos y empezar a tomar en serio la posibilidad de una nueva misión.

 
Hong Kong cuenta con 61 parroquias y alrededor de 400.000 catolicos, mitad de ellos originarios de otros Paises cercanos.

 

Marineros de primer viaje ayudados por hermanos mayores
“Dios quiso que esta experiencia en tierra de oriente- comentan los dos misioneros- empezara justo en el día de Epifanía, la solemnidad de la manifestación de Dios a los pueblos de oriente! Partimos con el deseo de encontrar a los hermanos que viven en este Continente y sobre todo a los que están donando su propia vida al servicio de Dios y de aquellos que aún no conocen al Señor Jesús”. “Con mucha humildad- cuentan p. Valerio y p. Roberto- y conscientes de ser “marineros de primer viaje”, hemos encontrado a misioneros, obispos y laicos que el Señor ha deseado ponernos a lado, para acoger cada palabra, cada inspiración que pudiera ayudar, luego, a discernir la voluntad de Dios sobre nosotros. Deseamos agradecer de corazón a los misioneros del PIME (Pontificio Instituto Misiones Exteriores) que nos acogieron en Hong Kong e in Camboya, a los misioneros de la Congregación CICM (Congregación del Corazón Inmaculado de María) y a los misioneros monfortianos que nos acogieron en Filipinas. Nos ha impactado mucho la manera muy respetuosa y profunda con la que se han puesto a nuestro lado para entender el carisma que el Señor puso en nuestro corazón para luego ayudarnos a entender cómo y dónde una Comunidad como la nuestra pueda insertarse. Ha sido muy bonito tomar consciencia de que la Iglesia es UNA y experimentar la fraternidad inter-misionera!”.

 

De Hong Kong a Filipinas

Los dos “enviados” misioneros hicieron una primera etapa en Hong Kong donde conocieron muchas personas, escucharon sus testimonios, se alegraron por la obra de Dios en el íntimo y en la vida de muchos cristianos que viven su fe en un contexto nada fácil. El 9 de enero partieron para Filipinas donde fueron hospedados en una casa de formación de los misioneros del Corazón Inmaculado de María. En los días después también visitaron la misión de Montalbán, una parroquia de alrededor de 150.000 personas, surgida a raíz de la reubicación de personas desalojadas procedentes de otra zonas necesitadas cerca del mar.

 
El territorio de Filipinas es rico en recursos naturales y es una de las zonas mas llenas de biodiversidad del mundo

 

En la tierra Kmer: la Camboya

El viaje continuo’ para alcanzar la última etapa: la Camboya. Aquí los misioneros han logrado profundizar, con la ayuda de los misioneros del PIME, la manera en que la evangelización se lleva adelante en este país martirizado por la violencia de los Kmer rojos. En un país budista, donde sobre 15 millones de habitantes, 20.000 son católicos (¡0,1%!), para los misioneros ha sido interesante comprender la estrategia que adoptan para sembrar la Palabra de Dios y llevar adelante una evangelización “gota a gota”.

En Camboya, los misioneros pudieron hablar con P. Mario, misionero del PIME y Vicario general a Phnom Penh: “hace 12 años,- comento P. Mario a los dos misioneros- el obispo me envió en una zona de la capital para fundar la parroquia. Había tres parejas cristianas. Empecé con ellos. Luego de 10 años de “labor apostólica” agradezco a Dios todo lo que ha cumplido. Ahora son un centenar los cristianos que participan a la Misa dominical; he podido construir el Templo en ladrillos y la casa parroquial y llevar adelante un jardín para niños, un hospital, y un albergue que acoge a los jóvenes que llegan de las zonas rurales para poder estudiar en la universidad. Después de 10 años, mirando a estos frutos, he pedido al obispo de moverme para asumir otra zona. Ahora, desde hace un año y medio me encuentro en una nueva parroquia. Solo hay una persona católica. A pesar de que casi todos sean budistas, participan a la celebración de la Misa, rezan, escuchan la Palabra de Dios… Una vez una señora se me acerco’ y me pregunto quién era aquel Jesús del que había escuchado hablar muchas veces durante la Misa! En Camboya, quien es católico, se vuelve un polo contagioso y atractivo. No hay “católicos tibios”. ¡Es sobre los católicos que se funda la Iglesia!”.

 

 
En Camboya, como de costumbre, los misioneros han celebrado la Misa sentados y descalzos

 

Enviados hasta los extremos confines de la Tierra

“Este viaje,- concluyen los misioneros- ha sido para nosotros una infusión de nuevos estímulos para continuar a creer en el poder de la evangelización ¡tanto afuera de Italia como en Italia! Ofrecemos al Señor cada encuentro vivido, cada situación que hemos visto y tocado. Presentamos la vida de los misioneros que dan su vida en estos lugares, creen firmemente en el poder de la presencia del Señor Jesús Cristo y por ende están dispuestos a evangelizar “gota a gota” sin la gratificación de grandes muchedumbres