El cuarto itinerario se adentra en el tercer pilar del carisma de la CMV: vivir bajo la mirada providente de Dios. El camino propuesto es: no relegar el encuentro con Dios en lugares y circunstancias bien delimitadas (Iglesia, celebraciones, oración...) sino saber descubrir Su presencia a través de lo que la vida ofrece, en la alegría y en el dolor. El amor providente de Dios nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida y podemos aprender a no afanarnos, a tener confianza, a no angustiarnos, a sentirnos en las manos de un Padre.