Quiero destacar que los mismos jóvenes son agentes de la pastoral juvenil, acompañados y guiados, pero libres para encontrar caminos siempre nuevos con creatividad y audacia. Por consiguiente, estaría de más que me detuviera aquí a proponer alguna especie de manual de pastoral juvenil o una guía de pastoral práctica. Se trata más bien de po­ner en juego la astucia, el ingenio y el conocimiento que tienen los mismos jóvenes de la sensibilidad, el lenguaje y las problemáticas de los demás jóvenes.

Estas palabras del Papa Francisco en la exhortación Cristus Vivit se reflejan en la creatividad con la cual los jóvenes del GIMVI de la CMV Texcoco están construyendo espacios para vivir la fraternidad, la oración y el camino juntos.

“Cuando inició este año no creí que tendríamos un problema tan grave como el COVID-19 en nuestras vidas, el aislamiento y el estar encerrada en casa no fue fácil al inicio, la rutina y el deseo de salir y ser un poco libre se hacían sentir. Las actividades dentro de la iglesia también se empezaron a sentir un poco más lejanas. Pará mí no era fácil ver, ni mucho menos vivir, a través de un monitor una misa o un rosario.

Cuando empezaron las pequeñas comunidades sentí un poco de alivio pues yo sabía que por difícil y aburrido que estuviera, yo podía un día a la semana ver a mis amigos y orar con ellos y eso me hacía sentir nuevamente más cerca de Jesús, pero también tuve sorpresas diferentes a lo que pensaba, comenzamos a unirnos más en oración y en fraternidad y encontré nuevas amistades dentro de esta pequeña comunidad que ahora son las que me hacen sonreír cada vez que nos podemos conectar y orar entre nosotros”.

Esta es la manera en que los jóvenes del grupo GimVi de la Comunidad Misionera de Villaregia hemos podido afrontar esta situación de contingencia en la que nos encontramos actualmente. La idea de crear subgrupos parecía desafiante y hemos comprobado que lo ha sido, pero también nos ha hecho más cercanos. Llevamos ya dos meses con esta dinámica y sin duda ha sido una experiencia muy bella.

“Puedo compartirles que mi pequeña comunidad ha sido para mí un gran refugio en estos momentos de aislamiento social! Es reconfortante saber que tienes varios hermanos de comunidad en los que puedes mirar a Dios y que te trasmiten paz y tranquilidad justo en este tiempo que más lo necesitamos.

¡Me llena de esperanza saber que a pesar de todo lo que estamos viviendo, los jóvenes se reúnen para orar y pedir por todas las necesidades del mundo! ¡Eso solo lo hace Dios!”

Estas son algunas de las palabras más significativas que hemos podido compartir con los muchachos de las diferentes comunidades. Esta dinámica había comenzado con un total de seis comunidades, pero en vista de que no era suficiente, se ha creado una más; “LA ESPERANZA DEL MAÑANA” “SANTO NIÑO DE ATOCHA”, “EFFETA”. “GUIADOS POR EL ESPIRITU”, “ALMA MISIONERA”, “TIERRA DE VALIENTES” Y “UNO MAS CON CRISTO” son los nombres que los jóvenes hemos decidido poner a nuestras pequeñas comunidades, a la familia que gracias al COVID hemos podido encontrar.