Del 26 de abril al 5 de mayo un grupo de 14 hermanos del movimiento Juan XXIII y de nuestra Comunidad partieron para Haití para apoyar el proyecto de servicio que las Siervas de María realizan en Port Margot, Haití. El grupo apenas se conocía entre ellos pero todos habían aceptado esta invitación. Port Margot se encuentra en el norte de la isla de la Española. Tiene alrededor de 147.5 Km2 y cuenta con 45,360 habitantes. En Haití el 80 por ciento de la polación es católica, otro por ciento es protestante  o animista, aunque el vudú existe en todas las religiones.

Según explica el Padre Miguel, sacerdote misionero de la CMV las necesidades en este lugar son muchas por la situación de extrema pobreza. Primeramente hay una falta de agua potable. Alli se encontraba ya Omayra, una jóven ingeniera puertorriqueña que está haciendo una experiencia de tres meses en este lugar para ayudar a reparar un acueducto que fue construido hace 25 años y que por la crecida del rio se daño. Esto ha hecho que por 13 años este acueducto no esté funcionando.

Otra de las situaciónes dramáticas de esta realidad es la falta de alimentos, no hay alcantarillados,  no hay servicios de higiene o baños. La basura se quema. No existe un programa de reciclaje.  Port Margot se encuentra sin luz eléctrica desde el junio del año pasado. Las hermanas usan la planta eléctrica por el día para abastecer el centro médico y junto a las placas solares, se cargan las baterías del invertidor que da corriente por el resto del día, hasta que se acaba la carga.

Las siervas de María se encuentran allí desde el 2009. Ahora mismo son 4 hermanas y 5 aspirantes. Ellas tienen un dispensario médico que tiene un centro de maternidad. Uno de los problemas grandes que tienen es que muchos niños nacen ciegos por la falta de higiene al nacer y madres que no tienen un dispensario donde dar a luz.  También tienen una escuela parroquial. En Haití la educación no es gratuita. Allí se depende de donaciones privadas para poder estudiar. Si el donante deja por alguna razón de enviar su “beca”, el niño no puede continuar sus estudios.

En los días que estuvimos allí, continúa compartiendo el Padre Miguel, trabajamos construyendo techos de diferentes estructuras comenzadas y techos de las casas de algunas personas. Esta experiencia nos la cuenta así: A las 6:30 am  nos subimos en un camión juntos a otros 8 trabajadores haitianos para ir a donde estaba la casa para construir. Llegamos después de 45 minutos de brincos en la camioneta a Chouchou Bay, un lugar cerca de la playa. Alli estaba la casa a la que le faltaba terminar las últimas líneas de bloques. Nos pusimos a trabajar, unos  empezaron por un lado y otros por el otro lado.  Hay quién se puso a enderezar clavos, quien a cernir arena. Cada uno se puso al servicio. Los hermanos haitianos con los que trabajamos juntos nos miraban con una cierta seriedad. Muchas más personas se acercaron para poder hacer algunas cosas y poder ganarse algo, porque normalmente el que hace “algo”, aún lo mas sencillo,  espera que le den su paga. Nos dimos cuenta que sólo se permite trabajar quien ya estaba "contratado" por Víctor, persona de confianza que tiene la tarea de contratar y seguir los trabajadores.

Alrededor de la casa en construcción, estaba la choza donde vive la familia y que servía también de almacén del cemento, y otras cosas. Dos mujeres ancianas sentadas en el piso mirándonos y también un anciano.  Detrás de la casa hay como una especie de “pantano” lleno de basura y  de mal olor. Allí también había “como un hoyo” para poder recoger el agua para varias necesidades. Los trabajadores eran flacos y fuertes. Trabajan duro, a su ritmo, pero con fuerza. Sólo uno tenía herramientas de trabajo, un palaustre, un metro, un martillo y una escuadra. Los que mezclaban cemento tenían la pala y muchas fuerzas. Acabamos a las  4:00 pm y de regreso fuimos a ver las otras casas en la que teníamos que trabajar. Pudimos caminar unos 10 minutos en medio de la gente, de las casas y poder ver más de cerca la injusta situación en que viven nuestros hermanos. Chozas hechas de penca entrelazada y empañetada con barro y el piso en tierra y todo alrededor barro, sucio y basura. Niños desnudos mamás precariamente vestidas, viejos sentados en el piso. Ese era la realidad que continuamente veíamos.

Mientras tanto las mujeres que nos acompañaron en el viaje misionero se quedaron en la casa ayudando a organizar almacenes, visitaron los enfermos  y haciendo algunas tareas. Una experiencia que vivimos fue que quisimos hacer un momento de fiesta en la escuela. A Harold y a María se les ocurrió disfrazarse de payasos. Para nuestra sorpresa, los niños nunca habían visto un payaso al igual que los adultos y se asustaron. Tuvimos que explicarles sobre qué eran para poder vivir este momento de fraternidad con ellos.   

El domingo participamos de la misa de la parroquia a las 9:00am. Pude concelebrar junto con el párroco P. Laurent y el vicario Huges que presidió la celebración. Unas 500 personas participaron de la misa que se celebra con mucha calma y llena de cánticos, algunos cantados todos juntos, otros a dos coros con los feligreses. Todos estaban vestidos de fiesta. La misa duró 2 horas y15 minutos. También en estos momentos se nos acercaron personas pidiendo ayuda, "tengo hambre", "dame algo". Para mí fue difícil almorzar teniendo en los ojos estas personas que sabía no comerían ése día.

Hay tantas experiencias que contar … Nos traemos un deseo de compartir las mayores necesidades de estos hermanos. ¿Qué podemos hacer? La experiencia nos ha hablado de la necesidad de apadrinar esta escuela para que los niños tengan acceso a educación. Igualmente las hermanas tienen necesidad de ampliar el convento y de construir más casas para las familias. Son tantas las necesidades.

Al final hemos pasado revista mirando quienes eramos nosotros en medio de esta experiencia. Allí estuvimos trabajando juntos las Hermanas de las Siervas de María, los hermanos haitianos, la familia Alemán con Beny amigos del movimiento Juan XXIII y los voluntarios de la  CMV. Éramos  4 grupos.  En todos se ha quedado esta conciencia  que desde un principio pasamos de ser un grupo de desconocidos y extraños a volvernos una comunidad de hermanos. Damos gracias a todos por sus fuerzas donadas  a los más pequeños.