El pasado fin de semana, del 15 al 17 de noviembre de 2019, en el Centro Misionero, se realizó el retiro Emaús #43. Participaron 39 retiristas, provenientes de diferentes pueblos de la isla: Aguada, Aibonito, Arecibo, Barceloneta, Barranquitas, Bayamón, Camuy, Ciales, Dorado, Florida, Guaynabo, Hatillo, Lares, Manatí, Morovis, Ponce, Rincón, San Juan y Vega Alta. En esta ocasión también asistieron participantes de los Estados Unidos: de Florida y Chicago.

Fue una experiencia maravillosa, llena de la Presencia del Espíritu Santo y del Amor y la misericordia de nuestro Dios Trino. Al finalizar, los retiristas agradecieron por lo vivido durante estos días y por el impacto que había causado en ellos. Uno de ellos compartió que para él fue una experiencia maravillosa, que servía al Señor hace años y que Él nos pone a prueba. Pidió oración para un discernimiento que tiene que hacer y terminó diciendo que el retiro le enseñó el Amor de Dios. 

Otra retirista compartió que estaba orgullosa de haber llegado aquí, que llegó bien cerrada y que aqui había logrado "sacar algo" que tenía en el corazón. 

Una joven mujer expresó que "hacía tiempo que quería venir al retiro, que estaba bien "amargada" y que ya no aguantaba más". Parecía que tenía "brea" en la cara "que no le permitía sonreír", a pesar de que es algo que le gusta hacer. Dijo que Dios, con sus súper detalles, la escuchó y le dijo que fuera paciente, que lo que está viviendo "es por algo". Finalizó obsequiando a todos los presentes un cántico de alabanza. 

Otra de las participantes dijo que llegó al retiro por invitación. Buscaba dirección y respuestas a muchas preguntas que tenía. Para ella, Emaús fue una experiencia de sanación y salvación. Encontró a un Jesús que la esperaba con los brazos abiertos. Una más exhortó a no dejarse vencer por las adversidades. Ella llegó al retiro con su auto transportado en una grúa. Aún así dijo sentirse feliz y convencida de haber tomado la decisión correcta. 

En esta ocasión nos acompañaron dos hermanas que son aeromozas para distintas líneas aéreas. Una de ellas llegó al retiro directamente de un vuelo desde Méjico, con escala en Miami y luego San Juan. Ambas hicieron saber que disfrutaron mucho lo que aprendieron y vivieron en el retiro, y exhortaron a participar de esta experiencia, que cambia la vida. La participante que viajó desde Méjico reflexionó que los pasajeros de este vuelo la trataron muy mal. Que solo la veían como alguien que está ahí para servirles un refresco. Que solo la consideraban en situaciones de dificultad o emergencia. Indicó que de ahora en adelante quería que los pasajeros en lugar de su rostro vieran el rostro de nuestro Señor Jesús y que ella iba a mirar a cada uno de este modo. Dios cambia nuestra mirada. 

Agradecemos infinitamente a Dios y a todos los que hicieron posible llevar adelante este retiro.