El 19 de noviembre del 2018, día de la Divina Providencia partió el primer grupo de ocho misioneros hacia República Dominicana con la meta de llegar a Port Margot Haití.  El jueves 23 de noviembre salió el segundo grupo de once. Diecinueve misioneros al servicio de los menos afortunados y apoyando la misión de las Siervas de María.

 

Llegado el segundo grupo nos reunimos en la parroquia Santa Rosa de Lima en Santiago de los Caballeros e intercambiamos expresiones de apoyo y fraternidad entre todos.  Deseosos de ir a Haití, pero conscientes de la situación política y civil que atravesaba el país pusimos en oración nuestra misión. Las noticias de disturbios y enfrentamientos entre civiles y policías que había dejado a varios heridos e inclusive algunas fatalidades, nos hizo repensar los planes de viaje al necesitado país.

 

Al entrar a la Iglesia de Santa Rosa de Lima nos topamos con una imagen del rostro del Señor que dice: "Que bueno que viniste". Sentimos, en ese momento, como con estas palabras Jesús nos hablaba directamente.  No eran nuestros planes permanecer en Santiago durante la duración de la misión pero El tenía otros planes para nosotros.

 

Llegando el lunes al convento para empezar la semana de trabajo comenzamos a darnos cuenta de porqué Dios había "cambiado" nuestros planes.  Nos fuimos organizando de acuerdo a nuestras nuevas tareas y fue así que poco a poco comprendíamos lo que el Señor quería de nosotros en esta misión.

 

 

Tres misioneras se insertaron en la rutina del dispensario del convento de La Vega.  Allí se percataron, rápidamente, de la gran cantidad de trabajo que había por hacer.  Trabajaron con esmero en el dispensario y farmacia apoyando las labores diarias en el cuidado de los enfermos que acudían para buscar alivio a sus condiciones de salud. Las hermanas Siervas de María las acogieron y prontamente se formaron nuevos lazos de fraternidad. 

 

Cuatro misioneros, entre ellos dos ministros de la Eucaristía, fueron llamados a apoyar una comunidad dominicana llamada Las Cabuyas cerca de La Vega.  Allí pudieron vivir una experiencia única de amor y entrega. Sin nada previamente programado rápidamente se organizaron para vivir en comunidad la amistad sincera con el pueblo dominicano. Llevaron la Palabra a los sedientos de escucharla, prestaron atención, escucharon y entendieron muchas de las necesidades de los hermanos. También visitaron y dieron aliento a los enfermos.  Ofrecieron una mano amiga y solidaria llevando ropa para los más necesitados.

 

El grueso del equipo misionero encontró muchas tareas en apoyo a las Siervas de María en la casa de Santiago. Desde la reparación de sistemas eléctricos e iluminación, instalación de losas, labores de construcción de una vivienda, reparación de filtraciones en techo, poda de árboles y mantenimiento de áreas verdes, preparación de pasteles, confección de vestimentas y costura en general, hasta la visita a una escuela elemental donde dos de los voluntarios se “transformaron” para convertirse en el “payaso Juanito” y su ayudante “La Tontita”. Allí le llevaron alegría y un mensaje de amor a los niños. Estos son algunos ejemplos de la entrega y colaboración misionera que Dios nos ha permitido vivir en estas casi tres semanas.

 

"Qué bueno que viniste" leímos en la imagen el primer domingo en Santiago. Hoy luego de haber finalizado la misión podemos decir de nuestra parte; "Que bueno Señor que escuchamos tu voz y nos dejamos guiar por tu Palabra"

 

Los caminos de Dios son misteriosos. Nuestra misión tenía un plan, pero, El nos reveló otros caminos.  Dios nos reveló su rostro en nuevos lugares conociendo a personas antes desconocidas para quienes fuimos un rayo de esperanza y a través de quienes vimos realizados los designios de Dios para el grupo y la misión.

La experiencia vivida nos hizo crecer como misioneros, como hermanos y como cristianos en general.

 

Damos gracias a las Siervas de María en Santiago y La Vega por el apoyo y el cariño brindando durante este tiempo en que unimos esfuerzos para llegar a los más necesitados y menos afortunados de nuestros hermanos.