El pasado domingo, 3 de noviembre de 2019, en el Salón Trinidad del Centro Misionero, se realizó, como en los pasados años, la misa en sufragio de niños y jóvenes difuntos.

El padre Juan Ramón Ramos, CMV, presidió la celebración. Al inicio expresó el deseo de vivir este momento en la fe, ya que cuando fallece un niño o joven de manera prematura, se queda como un vacío real en nuestra vida, y aún más, cuando se trata de un hijo. Continuó diciendo: “La lógica humana nos dice que son los hijos quienes entierran a sus padres. El sufrir habla de una relación profunda con el otro. No se trata de no sentir dolor sino de caminar en la esperanza”. 

Padre Juan Ramón invitó a los presentes a tener otra mirada hacia la muerte. Dijo que  Dios nos creó para la vida eterna. Hizo una invitación a creer en un Dios que no nos abandona aun cuando pasamos por estos momentos que nos hacen sufrir. Decía así: “Dios NO nos abandona, nos toca con su gracia y con su bondad. No renuncia a sus criaturas; nos rescata. En Él hemos recobrado nuestra vida”. Explicó cómo desde el bautismo Dios nos hizo hijos para siempre como muestra del amor del Padre. Invitó a todos a tener la confianza en ese amor que no tiene fin. 

Invitó a todos a comprender que sus hijos están vivos y que nosotros podemos ser sus intercesores ante Dios. Continuó diciendo: “En Dios nuestros difuntos ya lo tienen todo". El sacerdote extendió una invitación a todos a renovar el bautismo, “a revivir lo que somos. A revivir esta gracia que el Señor ha derramado sobre nosotros y sobre sus hijos y a celebrar la vida pidiéndole que Él nos haga más fuertes y llenos de esperanza, sabiendo que es Él quien carga nuestra vida, nuestros dolores, nuestra cruz".

 

Como signo de este renovar nuestro bautismo, los presentes se dirigieron hacia una fuente llena de agua, allí se persignaban y recibían una bolsita que contenía una pequeña botella de agua con el color de uno de los cinco continentes, signo de que todos hemos sido bautizados y enviados a ser misioneros, a dar a conocer a nuestro Padre hasta los confines de la tierra. 

En el momento del ofertorio se presentaron algunos signos para seguir viviendo este momento de oración. Un signo fue un cartel con unos corazones rotos ofreciendo el sufrimiento nuestro ante la pérdida de nuestros familiar y confiarle la esperanza de que volveremos a verlos en el cielo. Otro signo presentado fueron los dones que Él nos da por medio del bautismo.

Agradecemos a Ivette González y a María Roche, miembros asociados, quienes fueron parte del comité que pensó y organizó todos los detalles para esta celebración.

Al finalizar la misa, los participantes recibieron un papel con el nombre de otro niño o joven fallecido prematuramente, con el compromiso de orar por él o ella durante todo el año.

Muchos de los presentes se quedaron al finalizar la celebración para un pequeño compartir, y para conocer y relacionarse con otros padres y familiares de otros niños o jóvenes difuntos. Agradecemos a Dios por estos momentos que nos ayudan a vivir en la esperanza y como familia los momentos de pérdida de un ser querido.