La Misión te ayuda a ser universal y amar intensamente a las personas y el lugar donde te encuentras: GimVis Arecibo


 

El pasado domingo, 18 de agosto de 2019, en un ambiente de fraternidad y sano compartir se realizó el encuentro de todos los grupos misioneros (GimBon).
La alegría de volver a encontrarnos era evidente. Después de comenzar a movernos al ritmo del equipo de animación, el padre Juan Ramón, responsable de la comunidad de Arecibo, compartió varias noticias de familia.

Juan Ramón nos recordó  que nos encontramos en la tercera etapa del Año Extraordinario de la misión, donde los obispos hacen un llamado a la vivencia misionera, comenzando por identificar los espacios concretos de nuestros barrios y ciudades en los cuáles no se ha anunciado a Cristo o no se ha hecho suficientemente. Esto nos da la ocasión para actuar, saliendo a las periferias territoriales y existenciales.

Recordando las experiencias de misión "ad gentes" realizadas desde noviembre del pasado año hasta el presente, escuchamos los testimonios de algunos que salieron de misión este verano.

1) Milagros Alemañy- vivió una experiencia en Haití con verano misionero a una de las casas de las Siervas de María. Mencionó que realizó mucho trabajo en la farmacia, ya que las hermanas tienen un dispensario. En las tardes visitaban a los enfermos. Dijo que a pesar de que alli se habla el dialecto creol, la música y unas marionetas que usó con los niños, sirvieron como medios para comunicarse en las actividades en que participó.

2) Edsel –Viajó con el grupo de la Pastoral Juvenil Diocesana y su destino fue Texcoco, Méjico, donde está la casa de una de las comunidades de la CMV.  Nos dijo que de la experiencia aprendió la docilidad: a moldearse a las necesidades que tenía la misión. También dijo que aprendió la humildad y que la acogida fue bellísima. Terminó diciendo que aprendió la fraternidad, la  inclusión, inculturación. ¿Quiénes somos para recibir tanto cariño?

Rita Usai, CMV - acompañó a los 13 jóvenes de la pastoral juvenil diocesana en Texcoco, Méjico. Compartió que le impresionó la inmensidad de ese pueblo y la riqueza cultural. Dijo asi: “Si juntan la riqueza que tienen más la humildad, pueden lograr muchas cosas”.  Le encantó la integración de mejicanos, puertorriqueños e italianos. Es una zona muy pobre. Estas experiencias te ayudan a ser universal y amar intensamente a las personas y el lugar donde te encuentras.

 

Mabel Rodríguez - Viajó a San Juan de la Maguana, República Dominicana, junto a otros 3 miembros efectivos de la CMV, miembros asociados y familiares de Briseida, misionera puertorriqueña en Italia. Dijo que la fraternidad fue muy grande. Se visitaron familias, se llevó material escolar y ropa. El encuentro con el hermano pobre siempre “te desarma”. Como le dijo un humilde campesino: hay que trabajar hasta que uno se muera. En la pobreza no hay mucha posibilidad de atención médica. Pidió no olvidar a las comunidades más necesitadas.

Maricarmen Ojeda - Estuvo 30 días en Puerto Plata, República Dominicana. Reconoce que tenía limitaciones: inseguridad y miedo. Compartió la experiencia con 3 seminaristas. Todo era subir o bajar caminos. La casa donde me tocó estar era distante de la parroquia. Las condiciones en el cuarto donde me quedé eran difíciles. Regresó llena de paz y de tranquilidad. Le sorprendió que las personas eran felices con lo poco que tenían.

Norma Soto, CMV - Estuvo 15 días en Cuba, por medio del Programa de Verano Misionero en el convento de las Siervas de María. Expresa que fue una experiencia dura. No había agua, el alimento era restringido. Las casas eran pequeñas.  

Ángel Cortés y Yolanda Abreu - estuvieron un mes en la comunidad de Texcoco, Méjico. Les impresionó la celebración de la misa de alabanza y adoración, donde asistían entre 300 a 400 personas. Realmente se vivía el amor por la Eucaristía. Las personas son muy humildes y acogedores y recuerdan con mucho cariño a los misioneros de nuestra comunidad que estuvieron allí.

P. Fabio Gatti, CMV - estuvo con el grupo de República Dominicana. Le impactó la experiencia de visitar una cárcel construida para 150 personas, y en donde están hacinados entre 800 a 850 presos.

Finalizados los testimonios se dividió el grupo por GimVi's correspondientes para discutir dos preguntas:

1) ¿Cómo podríamos como GimVi, en este año, vivir la dimensión misionera?

2) ¿A cuáles de las periferias podríamos ir como grupo misionero en este año?

En los grupos se dio un compartir muy interesante buscando responder a estas preguntas.

Finalizamos con la celebración de la Santa Misa, donde pudieron saludar y hablar un poco sobre sus experiencias en Italia, a las misioneras puertorriqueñas Mercedes Piñeiro, Danelia Pagán y Margie Pagán, quienes se encuentran en este tiempo en su visita en familia.