El pasado fin de semana, del 7-9 de febrero de 2020, tuvimos en casa el tercer taller del proceso formativo de la Experiencia de Formación Juvenil, Ciclo III.
Estos jóvenes durante este fin de semana pudieron meditar y profundizar en el llamado a vivir la construcción de una Iglesia que es comunidad de amor. El llamado a vivir como jóvenes constructores de nuevas relaciones basadas en el respeto a la persona humana y en el amor que nos propone Dios, usando como modelo las relaciones del amor de Dios Padre Hijo y Espíritu Santo, quien siendo un solo Dios es trinidad. Estas llamadas encontraron eco en sus jóvenes corazones y les llenó de entusiasmo. Los adolescentes pudieron meditar y captar, cómo la presencia de Dios ha estado cerca de los seres humanos en cada momento de la historia de la salvación y como hoy en sus propias jóvenes historias se hace presente llamándolos a vivir en relación con Él. Pudieron analizar sobre la forma en que la iglesia responde al llamado de Dios rindiéndole culto y santificándose mediante la liturgia. Pudieron disipar dudas sobre las diferentes formas en que Jesús se hace presente en la celebración de la Eucarística a través de los signos presentes en los diferentes ritos.
Además, pudieron ver a María como el mejor modelo de ser iglesia como madre acogedora, como maestra que nos enseña y nos guía y como la madre que nos regala a su hijo el quien pudieron palpar su presencia, adorándole en el santísimo Sacramento del altar.


En la misa de clausura, María Alejandra le explicaba a un grupo de padres y a los demás presentes, su vivencia durante el fin de semana. “Cuando estábamos frente al Santísimo yo pude sentir la presencia real de Él y de su Santo Espíritu...Yo sentía que el Señor nos rodeaba en todo momento...Fue un momento ¡tan especial!”
Agradecemos a Dios por su presencia y su acompañamiento en la vida de estos adolescentes, al equipo de servidores quienes se forman sirviendo y formando a otros pares, a todos los voluntarios por su excelente servicio y a los padres y familiares por que posibilitan la presencia de sus hijos y sostienen sus vivencias con sus oraciones.