"En la luz de Cristo, siguen estando presentes". 

 

El pasado domingo, 4 de noviembre de 2018 en el centro misionero, se celebró la misa de niños y jóvenes difuntos. El padre Juan Ramón Ramos, quien presidió la celebración, reflexionando de manera particular sobre las lecturas de Rom 8, 31-39 que nos hablaba sobre el amor Salvador de Dios y el Evangelio de Lucas 7, 11-17 donde Jesús resucita al hijo de una viuda de Naím, ofreció una homilía que brindó serenidad y paz a los allí presentes, en especial a los que recordaban a algún hijo, sobrino, nieto, hermano, ahijado u conocido.

 

 

 Comenzó la misa diciendo: "Aun si creemos en la resurrección, no es contrario sufrir por nuestros seres queridos. Significa que son importantes para nosotros. Dios bendice estos sentimientos. Dios nos acompaña y en Dios están todos ellos. " En su homilía, el padre Juan Ramón compartió lo siguiente: "Según el Evangelio, era en las afueras del pueblo el lugar a donde se iba a enterrar los muertos. Jesús, ve esta mujer viuda que va de camino a enterrar a su único hijo, y siente compasión. La compasión NO es lástima; es distinto. Es participar de lo que está viviendo esa mujer.  Jesús vive en el dolor del que sufre.  Participa plenamente de esto. El dolor de esta mujer se hace suyo. Jesús santifica ese dolor profundo, ese sentimiento.

 

 

Añadió que “cuando perdemos a un ser querido, todo nuestro ser está presente. Amamos con todos nuestros sentidos. Cuando quiero expresar amor a un ser querido lo hago con gestos concretos: lo miro, lo toco, lo escucho, lo beso, lo abrazo. Ese amor que ya no puedo tocar de modo tangible es bendecido por el Señor".

Cada persona que presentó el nombre de un niño o joven fallecido recibió una vela: verde, roja, blanca, azul o amarilla (colores misioneros) que fueron encendidas con el fuego de un cirio, representando la luz de Cristo, en cuya luz cada uno de ellos continúa estando presente.

Padre Juan Ramón continuó exhortando a todos los presentes a no encerrarnos, a continuar luchando en la vida y alentarnos unos a otros. Finalizó recordándonos que "nuestros seres queridos, fallecidos prematuramente, están vivos en el amor del Señor, en su luz. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? Nada ni nadie. Así como nada nos separa  del amor de nuestros seres queridos". 

Agradecemos a Dios el clima de amor, serenidad consuelo y agradecimiento,que se experimentó durante la celebración de la misa, y al GimVi Adultos Jóvenes por ayudar a organizarla. Con el favor de Dios, nos encontraremos nuevamente el próximo año.