Una Casa para los otros
En cada Comunidad, abrimos nuestra casa para acoger con cariño y amistad a cualquier persona (jóvenes, adultos, familias, grupos, estudiantes) en busca de un testimonio de fraternidad universal.
Nuestra vida de comunión, nuestro ser Comunidad, es la primera “casa” que deseamos ofrecer a los hermanos que tocan a nuestra puerta.
La acogida en la Comunidad no conoce horarios y la cordialidad quiere ser el amor ofrecido al huésped que nos pide la escucha y que espera de nosotros una palabra de consuelo, de consejo, de amistad. Muchos, después de este contacto, escogen ofrecer tiempo y energías para trabajar con nosotros para los hermanos.
Nuestras casas se abren a los demás para ser:
- lugar de crecimiento comunitario, construyendo amistad y fraternidad;
- lugar de desierto y de oración;
- lugar de encuentro personal y comunitario con la Palabra de Dios;
- lugar donde se acogen y valorizan todas las potencialidades presentes en la Iglesia local a favor de la Misión ad gentes;
- punto de referencia para una formación misionera y para una experiencia de voluntariado misionero.

Escogemos compartir cada momento de la jornada con quien desea vivir una experiencia comunitaria. Todo está puesto en común: desde los alimentos hasta el trabajo y la oración, en un clima familiar de amistad y fraternidad.















Eine Geschichte, die weitergeht
