Che tutti siano uno perchè il mondo creda. Gv.
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Coin des amis
 

Al Servicio de la Iglesia
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En tierra de misión

 

 
Una aventura ad gentes

La aventura ad gentes comenzó en el 1985 con el envío de 16 misioneros y misioneras para dar inicio a dos Comunidades en América Latina: Lima (Perú) y Belo Horizonte (Brasil).

Desde el inicio privilegiamos las periferias de las grandes ciudades, extremamente pobres y densamente pobladas.

A lo largo de estos años continuamos enviando misioneros para las misiones y fundamos otras Comunidades: en 1991, Yopougon (Costa de Marfil); en 1996, São Paulo (Brasil), en la diócesis de Campo Limpo; en 1997, Arecibo (Puerto Rico) y en 1998, en Texcoco (México).


Características comunes

La primera inserción en cada nueva realidad se caracteriza siempre por un tiempo de escucha, de perfeccionamiento del idioma, de atención a todas las novedades. Deseamos conocer la historia y la globalidad de la situación social, política, cultural y religiosa. Nos esforzamos para entrar con respeto en la nueva cultura para amar y valorizar, cada riqueza y potencialidad.

Con paciencia buscamos ponernos en relación con la gente, sin imponer nuestro ritmo, nuestra visión, nuestra mentalidad.


Escuchando a los pueblos con los que entramos en contacto, descubrimos, inevitablemente, también las profundas heridas, generalmente provocadas por un pasado de sufrimiento.
En todos lados encontramos características comunes: falta de estructuras, extrema pobreza, grupos humanos profundamente diferentes entre ellos, provenientes de las zonas internas del país, en busca de una vida mejor, carencia de una presencia eclesial adecuada.
Otra característica constante es la fe simple del pueblo, “terreno fértil” para que el mensaje evangélico dé fruto.

Donde falta una sólida formación religiosa y un constante cuidado pastoral, esta misma fe es, frecuentemente, terreno fácil para la difusión de las sectas. En algunos países en los cuales la religión católica es considerada “peligrosa” por su mensaje de respeto para con el hombre, los métodos de las sectas son favorecidos  y muchas veces financiados con el intento de impedir la toma de conciencia del pueblo.

El encuentro con el Evangelio es, donde sea, experiencia de liberación, hace descubrir a las personas su propia dignidad humana y hace nacer el deseo de unirse como único Pueblo de Dios.

Normalmente lo que encontramos a nuestra llegada, tanto a nivel de estructuras como al de actividades, es el resultado del trabajo de algunos laicos, que perseveran en el servicio de la Iglesia en la espera de un padre, de un guía: Estos hermanos son justamente nuestros primeros colaboradores.
Opciones Pastorales

En los países de primer anuncio o en las jóvenes Iglesias, donde la providencia nos llama para fundar una Comunidad, nos ponemos a disposición del Obispo local. Asumimos normalmente, un servicio parroquial en una zona vasta y particularmente necesitada, hasta que se vuelva Iglesia madura capaz de caminar sola. (Cf. Rmi 48-49).


Intentamos identificar las estrategias pastorales más adecuadas para el contexto que tenemos delante. Nuestro objetivo es que la realidad que nos encomiendan se vuelva una “comunión de comunidades” donde haya espacio para todos y cada uno pueda poner al servicio de los demás  sus propios ministerios, dones y carismas. Deseamos que todos, cada uno con su tarea, estén dispuestos a trabajar juntos para la edificación del único Cuerpo.



Damos prioridad a la formación de los catequistas y de los líderes de los diferentes grupos que, a su vez, nos ayudan a multiplicar las fuerzas. Trabajamos en la formación humana y cristiana de los jóvenes y de las familias.

Ofrecemos también el servicio de animación comunitaria y misionera en las parroquias que lo deseen. Es una forma de ayudar a las parroquias para que respondan al llamado de los Obispos reunidos en Puebla: “Dar a partir de la propia fe”.


Juntos programamos y evaluamos cada trabajo: las labores diarias, las estrategias en la evangelización, los proyectos pastorales, las construcciones por realizar, porque creemos que la comunión entre nosotros es el secreto para suscitar la comunión entre las personas con las cuales trabajamos.




Sintiéndonos llamados por Dios
a ser signo y anuncio de unidad
y de relación, vivimos con esta tensión
nuestra vida en misión,
haciendo de la Vida Trinitaria
el primer anuncio que llevamos a los pueblos”.

 libro de vida CMV





Una Iglesia de ladrillos

A medida que crece en los fieles la conciencia de ser un único pueblo de Dios que camina, madura también la exigencia de crear estructuras adecuadas para favorecer el encuentro entre las personas y Dios. Promovemos, por lo tanto, junto con el crecimiento de la iglesia viva, también la construcción de la iglesia de ladrillos, para que todo el pueblo de Dios tenga un lugar  donde poderse reunir como única familia y así expresar su fe.


 
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