Che tutti siano uno perchè il mondo creda. Gv.
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Angolo degli amici
 

El Don de Dios
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Para que el mundo crea

Alrededor de los años ‘80, la Iglesia italiana, en su acción pastoral, elige como inspiración el tema “Comunión y Comunidad”. Este misterio de comunión, centro principal del pensamiento eclesiológico del Vaticano II, fue reconocido como condición indispensable para cualquier renovación en la Iglesia.

Nuestra Comunidad nace justo en esos años y como joven obra eclesial, se inserta también en esa corriente de gracia que envuelve a la Iglesia para responder a las expectativas del hombre contemporáneo.

Ser Comunidad para la misión ad gentes es el don específico y original que el Espíritu quiso encomendarnos. Un don que es para nosotros también una tarea. Es un compromiso para ser asumido responsablemente y renovado cada día al servicio de la humanidad.

En el sí pronunciado constantemente por cada miembro de la Comunidad, descubrimos con gozo ese “algo” en común, ese hilo que une nuestro camino, ese sello del Espíritu, que en nuestra pequeñez, nos dona una identidad común: Comunión y Misión.

Para conducirnos a esta meta, el Señor puso tres pilares que fundamentan la esencia de la Comunidad Misionera de Villaregia: ser Comunidad para la Misión, sostenida por el Dios Providente.

“La comunión de la Comunidad encuentra su fundamento en la revelación que Dios hizo de sí, como Trinidad, en Cristo y en la posibilidad que nos dio de participar de su misma naturaleza.”  Libro de Vida CMV

Ser Comunidad
La vida de comunidad nos compromete a vivir juntos en una constante comunión entre nosotros. Aunque seamos diferentes por edad, sexo, cultura, estado de vida y nacionalidad, deseamos formar una familia a imagen del Dios Familia, la Trinidad: “Como tu, Padre, estás en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21).

La comunión que edifica la comunidad se vuelve casa de Dios, “arca” de Su Presencia “engendrada” por el amor recíproco. Esto asume distintos rostros: compartir de los bienes, comunicación de experiencias, reflexionar juntos para buscar el bien común, integración de roles y servicios. Dicho de otro modo es colaboración en el asumir la vida comunitaria, en el trabajo hecho juntos, desde las actividades más cotidianas al servicio apostólico. Es atención para el otro, favoreciendo el desarrollo de sus potencialidades y capacidades, en un deseo de vivir la santidad comunitaria.

En otras palabras, es una Vida que viene de lo Alto y que se deja contener y custodiar en nosotros, “frágiles vasos de barro”, pasando por las normales tensiones y debilidades de nuestra humanidad. Es una vida nueva que nos llama constantemente a la conversión y se renueva continuamente en el perdón recíproco.



 Para la misión ad gentes
La experiencia comunitaria, que nace del compromiso de vivir entre nosotros la vida trinitaria, no nos pertenece: es de Dios, es de la Iglesia, es para los hermanos.

El “Ser uno” es para que “el mundo crea”. (Jn 17,21)

La Comunidad se manifiesta como anuncio y testimonio de la vida de Dios a la humanidad que todavía no ha recibido la Buena Noticia del Amor del Padre; a los pueblos y a las culturas que aún no han descubierto a Cristo como persona viva y como horizonte de su propia existencia. Es proclamar y manifestar en las situaciones de pobreza material y moral que todavía no han sido alcanzadas por el soplo vital del Espíritu que hace nueva toda realidad.

Nuestra vida comunitaria está completamente orientada hacia la misión ad gentes. Esta elección se sintetiza en una expresión, para nosotros muy querida, que ha marcado los inicios de la fundación: “Ser Comunidad para la misión, hacer misión siendo comunidad”.

Este segundo pilar de nuestra espiritualidad es un compromiso total y exclusivo de cada miembro y de la Comunidad en su conjunto. Cada fuerza, actividad, bien material y espiritual, toda estructura tiene como destino último la misión universal en adhesión al mandato de Jesús: “Vayan pues y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (Mt 28,19)

“Confiar en la Providencia significa creer firmemente en la paternidad de Dios, persona viva, quien se hace “acontecimiento” hoy en la historia a través de los hechos y el amor de los hermanos”.

Libro de Vida  CMV

 Confiando en la Providencia
Finalmente, hay un tercer principio que sostiene y caracteriza nuestra vida: la elección radical de vivir y servir al Reino en un confiado abandono en las manos de la Providencia.

Desde los primeros días de nuestra joven historia hemos dejado que fuera esta Presencia quien guiara nuestro camino y marcara el paso.

La Providencia es una Persona viva: esta es la certeza en la que hemos confiado todo, renunciando a las seguridades humanas de las que gozábamos.

“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, todo esto se les dará por añadidura” (Mt 6, 33). Esta es la experiencia que podemos testimoniar con hechos concretos, pequeños y grandes: desde el kilogramo de azúcar que llega inesperadamente cuando se había acabado, al don imprevisible de casas y otras estructuras necesarias para nuestro servicio de evangelización.

Vivir de Providencia nos compromete en amar concretamente lo que el Señor dona y permite. Significa alegrarse de lo poco o de lo mucho. Es gozar de vestirnos con ropa que no escogemos y que otros no usan más; es libertad de viajar de un lugar a otro utilizando carros donados; es gratitud por los muchos signos con los cuales el Padre se hace presente.

Reconocemos y acogemos como Providencia no solamente los dones materiales a beneficio de nuestra vida y de nuestras actividades, sino también cada acontecimiento, cada encuentro, cada persona que cruzó nuestro camino y nos ha dejado un signo de la ternura de Dios: nuestros Obispos y las diócesis que nos han acogido, a los numerosos amigos, bienhechores, simpatizantes, los muchos jóvenes que sintieron resonar en su vida la llamada a una donación total y se unieron a nuestro camino...
 
Comunidad, Misión, Providencia, tres pilares que sostienen una vida comunitaria, donada a los hermanos. A ellos nos adherimos con alegría y fidelidad al proyecto de Dios. Es renovar la conciencia cada día, que es Dios el protagonista de nuestra historia.


 
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