Con esto compromiso hemos terminado nuestra peregrinación parroquial en el Año de la Misericordia. Ha sido un día muy bonito de oración y de fe, a pesar de la lluvia que nos ha acompañado durante todo el camino.
Con los feligreses  de todas las capillas de la parroquia hemos ido a la parroquia de s. María en Tablada de Lurin, elegida por el Obispo como una de las parroquias jubilares de la Diócesis de Lurin; ahí hemos cruzado la Puerta Santa de la Misericordia, varios han podido confesarse y hemos concluido con la celebración de la misa.
Tuvimos también la oportunidad de conocer la realidad de las Bienaventuranzas, una casa hogar para niños, jóvenes y adultos discapacitados o con enfermedades psiquiátricas y abandonados que ahí reciben acogida.
Conocer esta obra social nos ha animado una vez más a ser instrumentos de amor para otros, para que la misericordia que recibimos podamos ofrecerla a todos los que encontremos.
¡Misericordiados para misericordiar!