¡Wokolix awälä pueblo Ch'ol de Chiapas! ¡Muchas gracias! ...en el idioma Ch'ol del pueblo indigena que vive en una zona de la diócesis de San Cristóbal de las Casas en Chiapas.

Después de un día de viaje en camión llegamos a la parroquia de Tumbalá, el p. Aldo,  la hermana Marisol, la hermana Teresa, Yolanda y Daniel voluntarios CMV, Efrem y Elba de los jóvenes adultos, la señora Mari maestra de estilismo de nuestra parroquia y Carlos un joven chiapaneco conocido en la Universidad de Chapingo junto con su sobrino. Nos recibió el Padre Carmelo Méndez, sacerdote de la diócesis de Chicago que desde hace dos años trabaja en esa parroquia llevando adelante, entre muchas otras cosas, la formación de los diáconos permanentes, columnas importantísimas de las 78 comunidades que conforman la parroquia dedicada a San Miguel Arcángel.

A pesar de la diferencia cultural y del hecho que muy pocas personas conocen el español - por eso fue necesaria la traducción - se dio un encuentro sencillo y de corazón con los hermanos tumbaltecos. Entre los encuentros más importantes un retiro para líderes y catequistas sobre el alcoholismo, problema muy difundido y devastador en ese contexto; un pequeño taller de superación personal para jóvenes y dos retiros para confirmandos.

El padre Carmelo con mucha fraternidad nos permitió conocer algunas de las comunidades que conforman la parroquia y tocar con mano la realidad de pobreza y sufrimiento de ese pueblo. 

La presencia de los diáconos, de los catequistas y de los líderes junto con la de los "principales", hermanos elegidos por el pueblo con la función de intercesores, es fundamental para la vida de la comunidad cristiana dado que las comunidades reciben la misa una vez al año.

Fue un alegría muy grande encontrar a los hermanos indígenas de algunas comunidades que nos brindaron una acogida cálida y amistosa. Con ellos pudimos celebrar juntos la fiesta de la cosecha del elote con la misa alrededor del altar maya y con los bailes tradicionales en la noche. Visitamos también una parcela de milpa y aún si muy brevemente pudimos hacer la experiencia del trabajo duro del campo, del calor, de la humedad de la selva, del gran esfuerzo físico dado que el trabajo agrícola se hace totalmente a mano.

Entre los desafíos pastorales de esas tierras, tan bendecidas por su gente y la generosidad de la Madre Tierra, la situación de subordinación de la mujer, la falta de educación escolar por la inaccesibilidad de las comunidades, la formación religiosa de los líderes, el desarrollo social, la justicia social... y muchas otras.

Hemos regresado a casa con el corazón lleno y agradecido por una encuentro tan importante con el pueblo indígena que corresponde al 10% de la población mexicana, agradecidos por el ejemplo de entrega generosa del padre Carmelo, párroco de Tumbalá y sobretodo con la alegría de haber conocido hermanos y hermanas que ahora son parte de nuestra vida y nuestro corazón. Hemos regresado con la sensación de ser "más humanos" por haber podido compartir un poco el dolor y la alegría de nuestros hermanos y también con la inquietud de como poder servir también a ese rostro de la misión en México.